Elecciones generales en España 2023: ¿Qué pasó y qué pasará?
- StraLab Solutions
- 25 jul 2023
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El pasado 23 de julio, los españoles acudieron a las urnas para elegir a sus representantes en el Congreso y el Senado, en unas elecciones generales marcadas por la incertidumbre, la fragmentación y la polarización. Los resultados arrojaron un panorama complejo, en el que ningún bloque político logró una mayoría suficiente para gobernar en solitario, y en el que se abrieron varias incógnitas sobre el futuro del país.
La victoria del PP y el liderazgo de Feijóo

El Partido Popular (PP) fue el claro ganador de las elecciones, al obtener 8.091.840 votos (33,05% del total) y 136 escaños (47 más que en 2019), según los datos oficiales del Ministerio del Interior. El PP recuperó así parte del terreno perdido en los últimos años, gracias al liderazgo de Alberto Núñez Feijóo, que se presentó como candidato a la presidencia del Gobierno tras ganar las elecciones autonómicas gallegas en 2020 con mayoría absoluta.
Feijóo apostó por una estrategia de moderación y centralidad, alejándose del discurso más radical de Vox y ofreciendo una alternativa de gobierno seria y responsable frente al PSOE. Además, supo capitalizar el desgaste de Pedro Sánchez por su gestión de la pandemia, la crisis económica y social, y los escándalos de corrupción que salpicaron a varios ministros.
Sin embargo, la victoria del PP no fue suficiente para alcanzar la mayoría absoluta (176 escaños), ni siquiera sumando los escaños de Vox (33) y Ciudadanos (0), que se desplomó hasta quedar fuera del Congreso. Por tanto, el PP necesitaría pactar con otras fuerzas políticas para poder formar gobierno, algo que no parece fácil dada la fragmentación del arco parlamentario.
El PSOE resiste como segunda fuerza y Sánchez sigue en La Moncloa

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) fue el segundo partido más votado, con 7.760.970 votos (31,70% del total) y 122 escaños (2 menos que en 2019). A pesar de perder apoyo respecto a las anteriores elecciones, el PSOE logró mantenerse como la primera fuerza de la izquierda y resistir el avance del PP.
Pedro Sánchez, que se presentó a la reelección como presidente del Gobierno tras dos años al frente de una coalición con Unidas Podemos, consiguió movilizar a su electorado con un discurso basado en la defensa de los logros sociales de su gestión, la apuesta por la recuperación económica con los fondos europeos y la alerta sobre el peligro de un gobierno de derechas con Vox.
Además, Sánchez se benefició de la división de sus posibles socios de investidura, que no lograron sumar una mayoría alternativa al PP. Así, el PSOE sigue siendo el partido con más opciones de formar gobierno, ya que podría reeditar su coalición con Unidas Podemos (31 escaños) y buscar el apoyo de otras formaciones minoritarias como ERC (7 escaños), PNV (5 escaños), Bildu (6 escaños), CC (1 escaño) o BNG (1 escaño).
De hecho, Sánchez ya anunció tras conocer los resultados que iniciaría una ronda de contactos con todos los partidos para intentar formar un gobierno “progresista, estable y duradero”. Sin embargo, esta tarea no será sencilla, ya que tendrá que hacer frente a las exigencias de sus posibles aliados, especialmente en lo referente al conflicto catalán y al reparto de los fondos europeos.
Vox se consolida como tercera fuerza y marca la agenda de la derecha

Vox fue el tercer partido más votado, con 3.033.744 votos (12,39% del total) y 33 escaños (19 menos que en 2019). La formación de derecha logró así continuar como la tercera fuerza política relevante en España, aumentando su influencia en el bloque de la derecha europea.
Santiago Abascal, que se presentó como candidato a la presidencia del Gobierno por segunda vez, basó su campaña en un discurso duro y confrontativo, en el que atacó al Gobierno de Sánchez por su gestión de la pandemia, la inmigración, el feminismo, el independentismo y el comunismo. Además, aprovechó el descontento de una parte de la sociedad con las restricciones sanitarias y las medidas económicas y sociales adoptadas para hacer frente a la crisis.
Vox también se benefició de la caída de Ciudadanos, que perdió gran parte de su electorado en favor del PP y de Vox. Así, Vox se convirtió en el socio preferente del PP para formar una alternativa de gobierno al PSOE, aunque también planteó sus propias condiciones para apoyar a Feijóo, como la derogación de leyes que considera contrarias a sus principios, como la ley de violencia de género o la ley de memoria histórica.
PODEMOS y Sumar pierden fuelle, pero siguen siendo clave para el PSOE

PODEMOS fue el cuarto partido más votado, con 3.014.006 votos (12,31% del total) y 31 escaños (7 menos que en 2019) gracias al apoyo del partido Sumar . La coalición de izquierda perdió así parte de su apoyo electoral, pero logró mantenerse como un actor clave para la gobernabilidad del país.
Yolanda Díaz, que se presentó como candidata a la presidencia del Gobierno tras sustituir a Pablo Iglesias al frente de PODEMOS, lideró una campaña centrada en reivindicar los logros sociales conseguidos por su formación dentro del Gobierno de coalición con el PSOE, como la subida del salario mínimo, la regulación de los alquileres o la ley de eutanasia. Además, trató de diferenciarse del PSOE en temas como la fiscalidad, la reforma laboral o el conflicto catalán.
PODEMOS también se vio afectado por la irrupción de Más País, el partido liderado por Íñigo Errejón, que se presentó como una opción más moderada y transversal dentro del espacio político de la izquierda. Sin embargo, Más País solo obtuvo 1.012.456 votos (4,13% del total) y 6 escaños (3 más que en 2019), quedando lejos de superar a PODEMOS.
Tras conocer los resultados electorales, Díaz felicitó al PSOE por su resistencia y ofreció su apoyo para reeditar el Gobierno de coalición progresista. Sin embargo, también advirtió que PODEMOS y Sumar no renunciarían a sus propuestas y que exigirían al PSOE un mayor compromiso con las políticas sociales y con el diálogo territorial.
El nacionalismo catalán se divide entre ERC y Junts

El nacionalismo catalán se presentó dividido a las elecciones generales, tras la ruptura del acuerdo entre Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y Junts per Catalunya (Junts) para gobernar juntos en la Generalitat. Ambas formaciones compitieron por liderar el espacio político independentista en Cataluña, con discursos diferentes sobre cómo afrontar el conflicto con el Estado.
ERC fue el quinto partido más votado en España, con 462.883 votos (1,89% del total) y 7 escaños (6 menos que en 2019). La formación republicana fue también la primera fuerza política en Cataluña, con 1.016.000 votos (21% del total) y 15 escaños (2 menos que en 2019). ERC apostó por una estrategia pragmática y dialogante, en la que defendió la necesidad de negociar una solución política al conflicto catalán con el Gobierno central.
Junts fue el sexto partido más votado en España, con 392.634 votos (1,60% del total) y 7 escaños (1 menos que en 2019). La formación liderada por Carles Puigdemont y Laura Borràs fue la segunda fuerza política en Cataluña, con 895.000 votos (18,5% del total) y 14 escaños (3 menos que en 2019). Junts mantuvo una línea más dura y confrontativa, en la que rechazó cualquier diálogo con el Gobierno central que no pasara por el reconocimiento del derecho a la autodeterminación y la amnistía de los presos y exiliados independentistas. Además, Junts criticó la gestión de ERC al frente de la Generalitat y cuestionó su lealtad al proyecto soberanista.
Tras los resultados electorales, ERC y Junts se mostraron dispuestos a seguir colaborando en el Congreso para defender los intereses de Cataluña, pero también evidenciaron sus diferencias sobre cómo abordar la relación con el PSOE. Mientras que ERC se ofreció a facilitar la investidura de Sánchez a cambio de reactivar la mesa de diálogo, Junts se mostró más reticente y condicionó su apoyo a que el Gobierno aceptara un referéndum pactado.
El nacionalismo vasco se refuerza con Bildu y PNV

El nacionalismo vasco también tuvo un papel destacado en las elecciones generales, al aumentar su representación en el Congreso y el Senado. Tanto EH Bildu como el Partido Nacionalista Vasco (PNV) lograron mejorar sus resultados respecto a las anteriores elecciones, y se convirtieron en posibles socios del PSOE para formar gobierno.
EH Bildu fue el séptimo partido más votado en España, con 333.362 votos (1,36% del total) y 6 escaños (1 más que en 2019). La coalición abertzale fue también la primera fuerza política en el País Vasco, con 308.000 votos (23,5% del total) y 5 escaños (1 más que en 2019). EH Bildu basó su campaña en la defensa del derecho a decidir del pueblo vasco, la denuncia de la represión del Estado y la reivindicación de un modelo social más justo y ecológico.
El PNV fue el octavo partido más votado en España, con 275.782 votos (1,12% del total) y 5 escaños (1 menos que en 2019). El partido jeltzale fue la segunda fuerza política en el País Vasco, con 297.000 votos (22,7% del total) y 6 escaños (los mismos que en 2019). El PNV defendió su gestión al frente del Gobierno vasco, así como su capacidad de diálogo y pacto con otras fuerzas políticas para defender los intereses de Euskadi.
Tras los comicios, tanto EH Bildu como el PNV se mostraron abiertos a negociar con el PSOE para facilitar su investidura, siempre que se respetaran sus demandas políticas y territoriales. Sin embargo, también advirtieron que no darían un cheque en blanco al Gobierno de Sánchez, y que exigirían contrapartidas concretas para apoyar sus presupuestos o sus leyes.
El nacionalismo canario se mantiene con CC

El nacionalismo canario también consiguió mantener su presencia en el Congreso, gracias al escaño obtenido por Coalición Canaria (CC). La formación nacionalista logró 114.718 votos (0,46% del total) y 1 escaño (el mismo que en 2019). CC defendió su papel como garante de los intereses de las islas frente al centralismo del Estado, así como su apuesta por un modelo económico basado en el turismo sostenible y las energías renovables.
CC se convirtió así en otro posible socio del PSOE para formar gobierno, ya que históricamente ha mantenido una relación fluida con los socialistas. No obstante, CC también puso sobre la mesa sus reivindicaciones para apoyar a Sánchez, como el cumplimiento del Estatuto de Autonomía de Canarias, el Régimen Económico y Fiscal (REF) o el convenio de carreteras.
El nacionalismo gallego entra con BNG

El nacionalismo gallego logró entrar por primera vez en el Congreso desde 2011, gracias al escaño obtenido por el Bloque Nacionalista Galego (BNG). La formación nacionalista obtuvo 152.327 votos (0,62% del total) y 1 escaño (1 más que en 2019). El BNG basó su campaña en la defensa de la soberanía de Galicia, la denuncia de la marginación del Estado y la propuesta de un modelo social más justo y ecológico.
El BNG se sumó así al grupo de posibles aliados del PSOE para formar gobierno, aunque también planteó sus condiciones para apoyar a Sánchez, como el reconocimiento del derecho a decidir del pueblo gallego, el cumplimiento del Estatuto de Autonomía de Galicia o la mejora de las infraestructuras y los servicios públicos.
El regionalismo navarro se mantiene con UPN

El regionalismo navarro también consiguió mantener su presencia en el Congreso, gracias al escaño obtenido por Unión del Pueblo Navarro (UPN). La formación regionalista logró 51.764 votos (0,21% del total) y 1 escaño (el mismo que en 2019). UPN defendió su gestión al frente del Gobierno foral, así como su compromiso con la foralidad, el constitucionalismo y el progreso de Navarra.
UPN se situó así en el bloque de la derecha, junto al PP y Vox, como una posible alternativa de gobierno al PSOE. Sin embargo, UPN también mostró su disposición a dialogar con otras fuerzas políticas para defender los intereses de Navarra, siempre que se respetara su identidad y su régimen foral.
¿Qué pasará ahora?

Tras las elecciones generales, se abre un periodo de negociación entre los diferentes partidos políticos para intentar formar gobierno. Según la Constitución, el Rey debe proponer un candidato a la presidencia del Gobierno, previa consulta con los representantes de los grupos políticos con representación parlamentaria. El candidato propuesto debe obtener el apoyo de la mayoría absoluta del Congreso (176 votos) en una primera votación, o de la mayoría simple (más votos a favor que en contra) en una segunda votación, que se celebra 48 horas después de la primera. Si ningún candidato logra ser investido en el plazo de dos meses desde la primera votación, se disuelven las Cortes y se convocan nuevas elecciones.
Según los resultados electorales, el PSOE es el partido con más opciones de formar gobierno, ya que podría reeditar su coalición con Unidas Podemos y buscar el apoyo de otras formaciones minoritarias como ERC, PNV, Bildu, CC o BNG. Sin embargo, esta tarea no será sencilla, ya que tendrá que hacer frente a las exigencias de sus posibles aliados, especialmente en lo referente al conflicto catalán y al reparto de los fondos europeos.
El PP también podría intentar formar gobierno, sumando los escaños de Vox y Ciudadanos, y buscando el apoyo de otras fuerzas políticas como UPN o CC. Sin embargo, esta opción parece más difícil, ya que no alcanzaría la mayoría absoluta y tendría que enfrentarse al veto de gran parte del arco parlamentario.
Otra posibilidad sería que se repitieran las elecciones, si ningún candidato logra ser investido en el plazo establecido. Esta opción podría beneficiar al PP, que podría aumentar su ventaja sobre el PSOE y acercarse a la mayoría absoluta. Sin embargo, también podría perjudicar a la participación ciudadana y a la estabilidad política del país.
En definitiva, las elecciones generales de 2023 han dejado un escenario complejo y abierto, en el que ningún bloque político tiene una mayoría suficiente para gobernar en solitario, y en el que se abren varias incógnitas sobre el futuro del país. Habrá que esperar a ver cómo evolucionan las negociaciones entre los diferentes partidos políticos para saber quién ocupará La Moncloa durante los próximos cuatro años.
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